Relato 5.- LA EXCELENTE SALUD DE “CENICIENTA”. Autor: UN (IM) PACIENTE CRITICO

A la protagonista de la, cuanto menos, curiosa historia que vamos a contarles, la hemos dado en llamar Cenicienta, pero en realidad su verdadero nombre podría ser cualquiera de los propios de los numerosos países que hoy en día proceden los miles de refugiados que llegan a Europa.

Se trata de una adolescente huida de la miseria y la guerra y acogida en un país europeo, rico, por una familia formada por una pareja de personas de edad avanzada, con un buen nivel económico y que hasta el momento en que se hicieron cargo de ella, tras su llegada a la ciudad en que residían, vivían solas. La muchacha en cuestión  había  perdido a todos los suyos, una parte en el propio país de procedencia, debido a la guerra y, otra, a lo largo del penoso viaje que tuvo que realizar hasta llegar a su actual destino. Además de tener que atravesar el mar Mediterráneo en unas condiciones funestas, se vio obligada, en parte completamente sola, a sortear innumerables peligros y pasar muchas calamidades hasta llegar a donde finalmente, como acabamos de decir, fue acogida por una familia solidaria.

En su nueva familia, las dos personas que formaban parte de la misma, la recibieron con muy buena predisposición y se esmeraron en intentar compensarla en la medida de lo posible por sus pérdidas y sufrimientos, haciendo que se sintiese lo mejor posible. Cenicienta era una joven inteligente y trabajadora  a la que no resultó demasiado difícil en colaboración con las autoridades y profesionales correspondientes progresar en su nueva situación, consiguiendo rápidamente integrarse satisfactoriamente en su nuevo lugar de residencia, aprendiendo rápidamente el nuevo idioma  a la vez que continuaba sus estudios  y, quizá lo más importante, mientras hacía nuevas y sólidas amistades, tanto entre sus compañeros y compañeras de estudios como en su  vecindario.

En relación a alguna de estas nuevas relaciones establecidas es sobre la que trata concretamente nuestra historia.

Nuestra adolescente hizo amistad, entre otras, con dos muchachas, hermanas de poco más o menos su edad, que residían en una casa próxima a la suya e iban al mismo instituto que ella. La mayor era además su compañera de clase, por lo que se desarrolló rápidamente una importante amistad entre ellas, que resultó especialmente estimulada por ambas familias,  que se conocían hacía bastante tiempo y entre las que existía un cierto grado de confianza  mutua, hasta el punto de que, cuando las hermanas eran pequeñas, en más de una ocasión  sus padres habían confiado sus cuidados a la pareja que actualmente acogía a nuestra protagonista. Por ello no resultaba extraño que frecuentemente las unas o la otra resultasen invitadas los fines de semana o incluso algunos días laborables a cualquiera de las casas y consiguientemente por lo mismo tampoco pasó desapercibido a la madre de las dos muchachitas autóctonas que mientras éstas venían presentando desde hacía algunos años trastornos de conducta asociados con la alimentación y la percepción de su propia imagen, que le habían llevado a consultar con un servicio médico, la nueva amiga parecía inmune a este tipo de problemáticas. La recién llegada era en general una muchacha alegre que comía de todo, con gran apetito y sin preocuparse que esto pudiera afectar a su imagen corporal y sobre todo sin que de hecho le afectase pues mantenía un peso adecuado para su talla y edad, a diferencia de sus amigas que, una, la mayor tenía un notable sobre peso, y la otra estaba excesivamente delgada, ocasionando en su madre una gran preocupación, por el riesgo que habían manifestado los profesionales médicos y psicólogos que las estaban atendiendo de que terminase por desarrollar una grave anorexia nerviosa…

¿Qué diferencia existe entre mis hijas y su amiga para que con dietas y atenciones similares se produzcan unos resultados tan distintos? Ni mi marido ni yo, ni tampoco otros miembros de nuestras respectivas familias han presentado nunca hasta ahora este tipo de trastornos, además lo médicos nos confirman de que no se trata de ninguna enfermedad hereditaria o genética…¿Qué estamos haciendo mal? Esta duda la llevó a pedir una cita extra con el equipo de profesionales que atendía a sus hijas a quienes les planteó esas mismas preguntas, pero lo único que le respondieron fue que le sugerían preguntárselo a la pareja de acogida y en todo caso, si estos no tenían inconveniente, hacer una reunión conjunta para indagar todos juntos, incluidos los profesionales.

La señora no se lo pensó dos veces y así se lo expuso a su vecina y amiga, quien por supuesto estuvo de acuerdo, de modo que pocos días después se reunieron con el equipo de profesionales, aunque, en esta primera ocasión,  sin las adolescentes. Tras un largo análisis de los hábitos y las conductas de sus respectivas pupilas, la conclusión a la que llegaron fue que la diferencia más significativa entre unas y otras era que mientras que las dos hermanas dedicaban gran parte de su tiempo al uso de móviles, ordenadores y televisión, Cenicienta, desde su llegada se había resistido a ver la tele, el móvil lo aceptó como regalo pero hubo que convencerla para ello alegando que de ese modo podía estar más segura si se presentaba cualquier problema mientras estaba fuera de casa o en ausencia de sus nuevos familiares y algo parecido pasaba con el ordenador, al que dedicaba el tiempo justo requerido por sus tareas escolares ¿Por qué esta poca atracción que manifestaba hacia medios que prácticamente la mayoría de los adolescentes de su generación idolatran? La respuesta a este cuestionamiento la aportó su madre en funciones en la siguiente reunión a la que fueron convocados todos los adulto nuevamente, unos días más tarde.

Le he explicado la verdad, que estábamos haciendo estas reuniones por la preocupación que existe por el comportamiento de sus amigas y le pregunté directamente a qué se debía que ella no se sintiera atraída por todas esas cosas que a sus compañeros de generación les atraen tanto y lo cierto es que me dio una respuesta sorprendente:

<<Mi madre me enseño que el cuerpo es algo sagrado y que la juventud en general hace que seamos suficientemente atractivos, solo se trata de no estropear la belleza con la que a cada uno se nos dota de forma natural y además me recordaba, siempre que le pedía algún capricho que no podía darme, la moraleja de un cuento occidental (que ahora sé que ella adaptaba a nuestra situación) pero que a mí me ha servido de orientación, se trata del cuento sobre una niña adoptada a la que hacían trabajar como sirvienta por lo que no tenía tiempo de ver la tele y mientras que sus dos hermanastras se dedicaban exclusivamente a cuidarse y a holgazanear, casi siempre chismorreando con sus móviles, ella, que no tenía ni móvil ni ordenador hacía los recados y aprendía a relacionarse con la gente importante del barrio, observando todo lo que la gente activa hacía en cada momento, mientras se compra o se va en el autobús, cuando se pasea o se sienta uno en un banco en el parque, estando atento se aprenden muchas cosas. Yo vengo de un país pobre donde hay pocos recursos materiales lo que obliga, sobre todo a los niños, a desarrollar el ingenio para poder jugar o resolver problemas ya  que de otro modo no podríamos sobrevivir. Ese seguramente fue el atractivo que encontró el príncipe del cuento en la niña que no tenía tiempo para cosas superfluas o por lo menos eso es lo que me decía a mí mi madre…>>

Los cuentos populares han sido una forma tradicional de transmisión de valores de padres a hijos, de abuelos a nietos, a través de los cuales no sólo se aportaba una enseñanza a través de su moraleja, sino que se facilitaba y enriquecía la capacidad de comunicación y el desarrollo afectivo de los menores y su apego a la cultura de sus mayores ¿A alguien sensato se le ocurriría que el cuento o el juego mecánico, siempre igual, que puede obtenerse usando un ordenador  o un móvil puede sustituir a los que incansablemente pude repetir, siempre igual pero distinto en cada nueva ocasión, un abuelo o un padre que es sensible a cada nueva sugerencia o pregunta sobre el relato del niño confiado pero crítico a la vez, que escucha…? Nuestra especial Cenicienta había estado privada de muchas cosas pero había recibido sin embargo una de las mejores herencias que pueden aportarnos nuestros mayores… ¡Un cuento adecuado explicado con todo el cariño de una abuela o una madre resulta uno de los mejores activos en salud de los que podemos disponer  en cualquier familia, barrio o comunidad del mundo!

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