Imagen y Salud: alianza para la prevención de los trastornos de la conducta alimentaria

 

Un proyecto de abordaje colaborativo desde la Salud Pública

Justificación

Existe una conciencia social creciente sobre la importancia que en nuestras sociedades contemporáneas tienen los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA), un conjunto variado de dificultades y alteraciones que precisa una atención integral contemple los aspectos clínicos y familiares involucrados, pero también los culturales, sociales y educativos. Los TCA se caracterizan por la gravedad de la sintomatología, la fuerte resistencia al tratamiento y el elevado riesgo de recaídas, constituyendo la tercera enfermedad crónica entre la población femenina adolescente-juvenil. Estos trastornos se ven influidos por los modelos socioculturales dominantes, los cuales albergan significantes confusos y perversos sobre la imagen de las personas y el ideal de belleza, sobre la mercantilizaciónen torno a los cuerpos  y sobre la forma en que muchas personas afrontan la vida. Son alteraciones en los que los condicionantes socioculturales actúan como factores que predisponen y colaboran en su cristalización y mantenimiento. Su abordaje exige enfoques desde la salud pública y tratamientos interdisciplinares que involucren, a los especialistas y a las familias, pero demás a un variado abanico de campos profesionales y agentes sociales, como los relacionados con la imagen, el diseño, la moda, el deporte, la cultura y los medios de comunicación, sí como a asociaciones de consumidores y sectores de la alimentación.

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En las sociedades desarrolladas, una cultura capturada en el poder de las imágenes y una omnipotente publicidad generan una gran presión sobre las personas, sobre todo las más jóvenes que se hallan aún inmersas en procesos de individuación, autonomía y socialización grupal. El culto a la imagen física, la equiparación de autocontrol y delgadez, la identificación entre autoestima y éxito social del propio cuerpo constituyen un contexto favorable para el desarrollo de costumbres insanas frente a la propia imagen corporal. Muchos de los patrones de belleza con gran fuerza mediática (extrema delgadez y juventud) se alejan cada vez más de los perfiles biométricos comunes en la población y provocan malos estilos de vida y de alimentación. Estos modelos funcionan rígidamente, generando malestar psíquico, empobreciendo la pluralidad de valores y formas estéticas y comprometiendo, en muchas ocasiones, la finalidad de ámbitos como el de la moda, la cosmética, el deporte, la alimentación o la publicidad.

Debido a la evidencia de que muchos trastornos graves de la conducta alimentaria empiezan en la adolescencia o pre-adolescencia, es aconsejable la realización de acciones de prevención primaria que eviten la necesidad de posteriores de intervenciones especializadas. Además, es importante ampliar la mirada hacia otras modalidades de conflicto con la imagen del cuerpo (las llamadas vigorexia, ortorexia, preorexia, otros trastornos no especificados…) y trascender la barrera de la edad juvenil para alcanzar etapas más tardías de la vida en las que también se aprecia este tipo de problemática. Los niños y los adolescentes aportan creatividad, generosidad e innovación natural a la sociedad. Nuestra población infantil y adolescente cuenta con un gran potencial para relacionarse y adquirir conocimientos mediante las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. No obstante, tanto las personas jóvenes como las familias tienen derecho a líneas de apoyo que les ayuden a protegerse, mediante información y conciencia crítica, frente a mensajes perjudiciales e irrealistas sobre la alimentación y los patrones estéticos asociados a la imagen corporal. También es recomendable fortalecer los activos de salud y psicológicos, tanto de los individuos y como de los colectivos, para actualizar hábitos positivos relacionados con la comunicación familiar y el disfrute en común de comidas y actividades comunitaria. En este sentido, la relevancia cultural de los actuales medios de comunicación aconsejaría su implicación activa en la adopción de códigos de buenas prácticas de la información, así como en la promoción entre la ciudadanía y las instituciones de una conciencia de denuncia frente a los abusos y violaciones de las regulaciones existentes.

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Las redes sociales en Internet son espacios privilegiados de comunicación e interacción entre los ciudadanos y, especialmente, entre los menores. Pero también albergan múltiples iniciativas (blogs, perfiles…) de promoción y fomento de alteraciones psicológicas como la anorexia y la bulimia. Hay una creciente sensibilización institucional para conocer y denunciar páginas y perfiles patogénicos y existen otras propuestas ciudadanas en estas redes sociales para prevenir la aparición y cristalización de los trastornos (orientación, autoayuda, etc.). Es aconsejable promover un debate social amplio sobre funcionamientos de algunos entornos y prácticas organizacionales que pueden contribuir a la aparición de conflictos con la imagen corporal, tales como el tallaje de las prendas de vestir, la venta de productos dietéticos o vitamínicos o las subculturas de fuerte exigencia deportiva o artística, entre otros.

En el marco de este proyecto para un abordaje desde la Salud Pública de los Trastornos de la Conducta Alimentaria, las Instituciones y Entidades que se adhieren al mismo se comprometen ante la ciudadanía andaluza a promover las siguientes actuaciones:
I.      Se impulsarán acciones coordinadas de carácter preventivo y de promoción de activos de salud asociados a la pluralidad de estándares estéticos, a la mejora de la autoestima y al fomento de hábitos de vida y consumo saludables. Se fomentará el juicio crítico de la ciudadanía frente a modelos no saludables de belleza, en particular por parte de la población más joven.
II.      Se promoverán mecanismos de colaboración entre ámbitos profesionales como el de la salud, la moda, la comunicación y la publicidad, la alimentación, el deporte, el arte y la educación para impulsar en la sociedad valores y comportamientos contrarios a cánones de belleza física no saludables.
III.      Se aprovecharán las tecnologías de la información y la comunicación para mejorar la sensibilización social y el apoyo a las familias en la comprensión de los problemas relacionados con los trastornos de la conducta alimentaria y sobre patrones estéticos y alimenticios no saludables. Se recabará el apoyo de personas con relevancia mediática que colaboren en la transmisión social de mensajes críticos frente a presiones publicitarias, que reivindiquen la valoración de la propia imagen y modelos culturales basados en ser activos, participativos, solidarios y transformadores.
IV.      Se promoverán campañas sobre promoción de estilos de vida saludables dirigidas a grupos y entornos específicos como son los centros y profesionales deportivos, los ámbitos de la educación formal y el ocio, las asociaciones de madres y padres (AMPAS), las escuelas de danza, las pasarelas de moda o los responsables de asociaciones juveniles y de centros de información juvenil. Se propondrán premios en distintos ámbitos que reconozcan la entrega de personas, instituciones y medios de comunicación en la defensa de los valores que inspiran este proyecto.
V.      Se fomentará la adopción de decálogos de buenas prácticas adaptados a cada uno de los ámbitos significativos ligados a este acuerdo (publicidad, moda, deportes, alimentación…) que promuevan la autoestima, los activos de salud adolescente y una visión positiva de las personas.
VI.      Se fomentará[1] que las tiendas y comercios de Andalucía exhiban una gama de tallas acorde a la realidad de la población y garanticen el ejercicio de los derechos de los consumidores a tener información veraz, comprensible y homogénea. Se favorecerá que los sectores profesionales vinculados a actividades creativas (moda, publicidad, comunicación…) desestimen las imágenes de personas de personas que respondan a perfiles biométricos alejados de la normalidad poblacional, así como la utilización de menores de edad para exhibir ropas u otros objetos de consumo propios de las personas adultas.
VII.      Se asegurará, de acuerdo a lo legalmente establecido, que en horario de protección al menor, los prestadores de los servicios de comunicación audiovisual no promocionen contenidos que fomenten el culto al cuerpo y el rechazo de la autoimagen, como pueden ser intervenciones quirúrgicas o tratamientos de estética, productos adelgazantes o mensajes que vinculen el éxito a la imagen corporal o al peso.
VIII.      Se promoverá que los medios de comunicación, así como otros agentes relacionados (publicistas, anunciantes, etc.), adopten códigos de autorregulación y autocontrol que eviten el fomento de prácticas nutricionales de riesgo y estándares “ideales” de belleza no saludables. Se impulsará la inclusión de mensajes y spots publicitarios positivos sobre alimentación, belleza e imagen corporal coherentes con el espíritu de esta declaración. Se fomentará que la ciudadanía denuncie los abusos y clichés en contenidos televisivos y radiofónicos.
IX.      Se asegurará el cumplimiento de lo dispuesto por el Decreto 49/2009, de 3 de marzo[2], garantizando que las personas menores de edad que se sometan a intervenciones de cirugía estética reciban la información completa, objetiva y adaptada a sus necesidades y características personales.
X.      Se potenciarán actividades formativas destinadas a profesionales sanitarios, profesores, monitores juveniles, entrenadores deportivos, profesores de escuelas de modelos y escuelas de danza y otros agentes sociales que pueden tener una implicación significativa en la prevención, detección precoz y tratamiento de los trastornos de la conducta alimentaria.
Con este proyecto que ahora impulsamos, la Consejería de Igualdad, Salud y Políticas Sociales muestra su clara disposición para, con la colaboración de las entidades e instituciones que al mismo se adhieren, animar el debate social y profesional necesario sobre los factores que condicionan la aparición de los Trastornos de la Conducta Alimentaria y a desarrollar, en colaboración con otros ámbitos y agentes sociales, económicos y culturales, iniciativas favorables a una visión positiva de la imagen personal, a una perspectiva saludable de los estilos de vida y a la abogacía a favor de una aceptación social de la diversidad corporal.

Andalucía, 2014

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