Relato 9.- La importancia de llevar una corbata rosa. Autor: José Luis González Cáceres

Federico del Rosal Jiménez es un trabajador infatigable que tiene la obligación de asistir a su trabajo diario vestido con traje, camisa y corbata.

Federico, como el resto de varones de aquel grupo de trabajadores, es obediente y diariamente viste según la norma establecida.

Federico es marido y padre de una familia acomodada gustosa de disfrutar de la naturaleza y de las relaciones humanas.

Federico no encuentra casual su primer apellido. Cree firmemente llevar en él un amor genético por el color rosa.

Todas las mañanas, Federico sale de su casa dando taconazos en el pasillo. El ruido alerta a su mujer y a sus hijos que dejan el desayuno y van a despedirle. Todos los días se repite la misma ceremonia:

– ¡Papá, que corbata tan bonita llevas hoy!

Federico se levanta la corbata y se la pasa a cada uno de sus hijos por la cabeza. A su mujer, que como él cumple ampliamente un horario laboral,  le da un cariñoso beso de despedida.

Federico, todos los días atraviesa el umbral de la oficina sabiendo que es observado con miradas fundamentalmente dirigidas a su corbata.

Una mañana de primavera, todo fue que Federico se pusiera una camisa azul marino y una corbata rosa chillón, cuando se empezaron a escuchar los choques de las gotas de agua de lluvia en los tejados de las casas vecinas. Se puso el mismo traje gris que otras veces. Zapateó por el pasillo y sus hijos fueron a su encuentro. Ninguno de sus hijos le hizo referencia alguna a la corbata. Le besaron, le miraron al pecho y se dieron la vuelta para seguir desayunando.

Ya en la calle, en las paredes de sus casas, se notaban los destellos de los relámpagos. La gente, asustada, corría. Los paraguas eran cimbreados incontroladamente, forzados por el viento. Federico oyó un crujir cercano. Se paró en seco. La rama de un árbol le cayó encima, le rompió el paraguas, le arañó la cara y le arrastró la corbata como queriéndosela quitar.

Una paloma que saltó de la rama desprendida, en su traslado a una de las ventanas cercanas vio a Federico que quería resguardarse en un portal  recuperándose del susto. Pero la paloma, en un gesto de solidaridad con la protesta climatológica, trató de dejar caer su descargue intestinal orgánico  sobre la corbata rosa chillón, pero le falló la puntería y lo hizo sobre solapa del traje de Federico.

Entró corriendo en la oficina mientras se limpiaba la cara con un pañuelo como queriendo borrar los arañazos de las ramas. Se tocó la corbata, que comprobó caída por el forzado de la rama desprendida y ajustó su nudo al cuello de la camisa.  Le resultó raro que sus compañeros no le preguntaran lo que le había sucedido, solo miraban su pechera, sonreían tapándose la boca y volvían la atención a sus papeles.

Federico del Rosal Jiménez se sentó en su silla de trabajo, se miró el cuerpo y tras detenerse en observar aquella combinación estética de camisa azul marino y corbata rosa chillón, arrimó la silla a la mesa y… envolviéndose la cabeza entre las manos, se levantó la corbata y la apoyo sobre la mesa. La gravedad se sumó a la repulsa estética e hizo pasar de la solapa a la corbata el mensaje orgánico de la paloma.

Federico, consciente de tanto hecho acontecido, reflexionó cabizbajo:

“No me lo puedo creer. Me cuesta entender lo que acabo de vivir, que una imagen personal influya sobre fuerzas naturales. ¿Tan influyente es la antiestética? No es posible que tanto acontecimiento negativo pueda ser debido a que me he haya dejado convencer por la dichosa antiestética”

 

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