A veces, almorzando con la televisión enchufada…

A veces en el almuerzo en casa, teniendo la televisión enchufada y pidiendo el cuerpo siesta tras el postre, pasa el anuncio ciento veinte desde que me senté a comer.

Entre coches fantásticos a precios de regalo y nuevas experiencias con cremas para recuperar “la primera vez” después de tantos años de rutina; lacas de uñas para el tratamiento de los hongos; laxantes que no es que hagan falta, pero como dejan tan limpio el intestino…  Y es que a veces, como dice una conocida mía, la salud se convierte en un combate.

Hay que luchar para estar sanos y en esta lucha tenemos como aliados no sólo a los productos que se publicitan en la TV, sino aquellos que nos recomiendan nuestras amistades, las relaciones del trabajo y todo aquel o aquella que se pone en nuestro camino.

Parece que la salud es algo que poseemos y que, lógicamente, hay que cuidar y preservar para no perderlo o para que no nos sea robado, vaya Vd a saber por qué infecto microbio o virus.

En fin, “maneras de vivir” que decía la canción, y mientras tanto “pasa la vida” que decía el otro.

Bueno a lo que iba que estaba hablando de los anuncios de televisión. No es que sobren o falten tornillos, es el temor a romper el plástico para saber que, aunque estén todos los tornillos y escuadras que anuncia el folleto, algo va a salir mal. Que no digo yo que ni mejor, ni peor, pero que si compro una mesa, qué menos que me den una mesa con sus patitas y no un tablero con cuatro estacas y un chorro de tornillos. En fin, lo que hay es lo que hay. Así le va a mi cuñado que es carpintero y no lo llaman ni para hacer de San José en el portal de Belén.

También pienso que hay que ver cómo son las empresas y los contratos que hacen a los trabajadores y que esto de la globalización hace que te lo compres tan tranquilamente y a saber cómo están explotando a la gente de la otra punta del planeta.

Vaya por Dios, que en mala hora sonó la campanita de la entrada de un correo y yo con el ordenador encendido porque estaba pendiente del cambio de la bañera por el plato ducha y la paliza que me estoy pegando entre los anuncios de la Tv y la pereza que me da el ir al frigorífico para comerme la pera antes de la siesta.

En fin, que a mí me ha gustado un anuncio. No digo que me guste más o menos la empresa, y menos aún el montaje con tanto tornillo. Lo que digo es que me parece que cuando la gente se “como el coco” y es capaz de hacer cosas que merecen la pena hay que reconocerlo.

Así que cena con tus hijos y con tus hijas, sé capaz de descubrir en ti el punto divertido que utilizaste para seducir a tu pareja y si se cae el huevo al suelo de la cocina, piensa en la ley de la gravedad.

Tus hijos y tus hijas pensarán distinto a ti. Es ley de vida. Ellos construirán sus pensamientos, sus formas de entender la vida. Sin embargo, hay algo que puedes trasmitirles y que sólo tú puedes llevarlo a  cabo: ¿Por qué no pruebas a hacerles sonreir?

¿Tan difícil es que nuestros publicistas y las empresas que se publicitan piensen en nosotros y nosotras como personas y no sólo como consumidores y consumidoras?

Felicidades por lo bien hecho. Es un placer.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s