La educación y la imagen personal: más allá de la caverna de Platón

Presentamos un artículo de Carolina Alonso Hernández.

Carolina es Maestra, Experta Universitaria en Convivencia y Cultura de Paz, además de Experta en género y Master en Coeducación, sexualidad y Terapia del Reencuentro. Actualmente, trabaja en la Dirección General de Participación y Equidad de la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía como Coordinadora Regional de la Red Andaluza “Escuela: Espacio de Paz”.

Cofundadora de la asociación CONVIVES
Miembro del Consejo Editor de la Revista Convives.

 

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Una persona real que sufriera las patologías que la anatomía de la muñeca Barbie impone, sería seguramente una persona con una de las actualmente llamadas “enfermedades raras”: no podría contener un aparato digestivo completo, sus piernas no podrían sujetar su peso y el cuello no podría sustentar su cabeza. (datos del estudio de del Centro de rehabilitación para jóvenes con anorexia). Aún así nuestras niñas llevan años escuchado la cancioncilla del anuncio y su mensaje: “con unos años más, como Barbie serás…”


¿Qué referentes de vida estamos dando a niñas y a niños?

A la sobrina de mi vecina, con 18 años, su familia le ha regalado por aprobar el curso con éxito, una operación de aumento de pecho.
¿Qué motivaciones vitales, qué reflexiones y herramientas de análisis causal y consecuencial estamos transmitiendo a nuestra juventud?
Oscar Gómez, compañero de clase, acude a sesiones de musculación diariamente y toma alimento proteínico en envases gigantes para desarrollar una musculatura semejante a la del cartel del gimnasio al que va y a la de los protagonistas de historias épicas de éxito en este momento…

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¿Es sana la educación que estamos contribuyendo a transmitir?

Los desfiles de moda pasean modelos de escasísimo peso, simbólica imagen de delgadez a la moda y referente de elegancia, actualidad o atractivo sexual junto a los anuncios publicitarios con exuberantes mujeres en su despliegue de imagen erótica.
¿Qué hace la educación con todo esto?¿Trabaja lo saludable, el estar en forma, o se deja arrastrar por el poder de la imagen, ajena a su influjo devastador?
Los estereotipos impregnan los referentes sociales y refuerzan a sus seguidores y seguidoras mientras que a quienes no los siguen, sea por imposibilidad física, sea por genética, sea porque su cuerpo “es diferente” o sea porque han elegido vivir en libertad, sufren en ocasiones rechazo, aislamiento, acoso…
Educar en la aceptación de la diversidad como riqueza experiencial, Educar en el derecho básico, en el derecho universal de ser como somos, en el respeto, en el “derecho a Ser” de las demás personas, precisa educar en el análisis crítico de lo que los mercados nos dictan pretendiendo no solo vender sino que lo hacen convenciéndonos de que “lo queremos”, de que “lo necesitamos”, de que en ello nos va la vida, nos va la felicidad.
El otro día entrevistaban al filósofo Emilio Lledó, recientemente galardonado con el premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades, que comentó su visión singular sobre la contaminación, añadiendo que la contaminación que más le preocupaba era la actual contaminación de las mentes, del pensamiento. Me impactó esta idea coincidente de lleno con mi propia opinión, como suele ocurrir cuando nos llegan ideas tan excelentemente expresadas que nos permiten visibilizar y poner voz a ideas desordenadas, inconcretas…
¿No está colaborando la educación a esa contaminación mental, liderada por la publicidad a distintos niveles, que refuerza la falsa idea de considerar sinónimos felicidad e imagen?
En la adolescencia es relativamente fácil encontrar a chicas o a chicos que sufren anorexia, bulimia, vigorexia… adolescentes que sin llegar a esas patologías sufren delante del espejo por tener cualquier detalle que no se ajusta a esos modelos establecidos por la publicidad, por su mayor o menor altura, más o menos peso, por algo más pequeño o más grande de lo que le gustaría, por un cuerpo demasiado delgado o demasiado blando o demasiado musculoso, por una piel más o menos lisa o el pelo más o menos rizado…
¿Se trabaja en las escuelas la aceptación del propio cuerpo, de la propia forma de ser, de pensar, de sentir, de hacer? ¿Se fomenta la singularidad y la aceptación de la la diversidad o se busca la homogeneidad y normalización con un modelo referente aunque éste no sea saludable?
Abramos los ojos, no nos quedemos con la imagen deformada de las sombras como en el mito de Platón. No permitamos que las “sombras” que las imágenes de la televisión, de los juegos, de la publicidad, de la moda y del consumismo que invade nuestra sociedad, nos lleven a confundir la apariencia con la realidad, lo perverso con lo saludable.
Capacitar para discernir estas ideas, enseñar a identificar y a construir críticamente la propia identidad, el propio pensamiento en cada niña y cada niño, en cada joven, ayuda.
En esta Era de la Imagen ha de reforzarse desde la verdadera educación la fuerza de la persona auténtica, real, viva, que siente, piensa y hace, que busca su salud, su realización, su felicidad, que quiere cambiar la sociedad hacia modelos sociales de humana sostenibilidad.
¿Supone todo esto que se debe incorporar una nueva asignatura para trabajar la imagen en los centros educativos? Ni mucho menos: la escuela no debe seguir asumiendo ni compartimentando saberes. Se trata de ayudar a deconstruir aspectos invisibles que afectan a cada persona sin apenas notarlo y le dificulta percibirse con aceptación, que invitan a la segregación de desiguales, que unen hasta confundirlas, ética y estética.
Se trata de algo sencillo: educar verdaderamente en la competencia social y ciudadana de manera especial mediante el desarrollo de la autonomía personal y de la unicidad; enseñar a saber leer entre líneas, a analizar con criterio y con argumentos los diferentes mensajes, anuncios, noticias…
La educación del siglo XXI ha de entrenar en aprender a tomar decisiones a favor de la propia vida y de la vida compartida con otras personas desde la construcción de relaciones positivas, saludables, potenciadoras de cada ser. Esta es la verdadera misión que tiene la Educación, sea familiar, escolar o social.

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